Respira hondo tratando de encontrar
un resto de tu aroma en el aire,
perdido quizá en alguna ráfaga.
Pero no hubo viento que le traiga tu olor hasta acá.
Sigue inerte, todo quieto, todo en stand by.
No avanza, no camina, no funciona.
Se apaga, se queda sin pilas, se agota la batería.
¿Y dónde está el cargador?
¿Los repuestos?
¿Cómo recomponer la realidad?
Y susurra un "te extraño" con la ilusión de que la Luna
lo escuche, lo recuerde y lo repita,
para que oigas su voz en la noche estrellada;
que te brille en tu cielo así como le brilla acá,
para mirar la misma luz, aunque no sea el mismo lugar,
y sentir en el alma esa fuerza singular,
bajo el mismo cielo, bajo el mismo satélite,
soñándote a su lado, mirándote en el reflejo,
pensando en tu sonrisa al ver la espuma blanca del mar
tan opaca y ordinaria, pero tu risa tan especial.
No hay duda, no hay titubeos.
El alma siente, el corazón es certero.
Sonríe y te piensa, cuando se despierta, cuando se acuesta,
durante el día y la noche.
Y te sueña, y te imagina, y te extraña.
Y te ama con locura, con pasión,
con esas ganas tan particulares,
que brotan del pecho como si fueran espirales
para envolver su cuerpo con las letras de tu nombre.