No quiero enfriarme,
ni cortarme, ni morir.
No quiero romperme,
sangrar, llorar,
despedazarme,
torcerme, gritar.
No quiero que la vida
se convierta solo en piezas.
En trozos, separados,
distantes, alejados,
sin vida, sin energía,
destrozados en su interior.
No quiero tener miedo
a fracasar de nuevo.
No quiero sufrimiento
ni dolor, ni desprecio.
No quiero reprimir
el amor que pide a gritos
clemencia, piedad,
una pausa, un respiro.
Quiero poder dar el paso
para volver a juntar las partes;
volver al todo, al lleno,
al nuestro, no tuyo, no mío.
Ambos, queriendo,
sintiendo y haciendo.
Amando, como siempre.