Y no dejo de pensar en la primera vez
que te miré, que me miraste,
y a continuación me enamoré
porque te respiré, y me respiraste.
Y te abracé recibiéndote
envuelta en mil sensaciones nuevas.
Mi primer amor, al fin...
Y me tocaba a mí esta vez elegir si dejarlo ser.
Y decidí irme con vos al ver que decidiste venir conmigo.
Y decidí darte la mano que jamás había querido que nadie tomara.
Así como me sujetaste, lo supe:
te amaba.
Por eso me entregué lentamente,
por eso te cuidé y te besé la frente,
por eso te amé por primera vez
aquella noche de septiembre,
donde nuestras almas fueron testigo
del amor más puro y hermoso
expresándose de la forma más franca
real, completa, increíble.
Así te sentí pleno,
así me sentí plena,
nos sentí uno solo.
Nos amé, me enamoré de nosotros.
Nos deseé y elegí seguir hacia adelante.
Porque te convertí en la razón de vivir.
La excusa para vivir más hermosa que jamás haya existido.