Necesito.

Tengo una necesidad descontrolada de sentirte abrazándome con esa fuerza tan peculiar con la que me abrazás siempre, que aunque es intensa, es tan suave como el algodón. En vez de pesarme, me deja respirar más hondo. En vez de comprimirme, suprime todo lo malo que se deposita sobre mí. Necesito escucharte decirme esos "te amo" que me repetís siempre, una y otra vez, en el oído, cada vez que estás sobre mí. Necesito mirarte a los ojos y ver ese amor que sentís, verlo allí, viviendo, día a día, haciéndose más fuerte, dándome más razones para seguir. Necesito que me cuides, que me celes, que me cargues, que te enojes si no respondo, que te alegres cuando te llamo, que me hagas reír cuando lloro. Necesito respirarte, volver a llenarme. Necesito que me extrañes mucho, demasiado, a tal punto de no querer dejar de besarme apenas vuelvas a verme. Necesito a una de tus manos tomando una de las mías, con mis dedos entre los tuyos, y tu otra mano sujetando mi cintura, y mi otra mano perdida entre tu pelo, tan enmarañado, despeinado, e increíblemente hermoso. Necesito que poses tu boca en mi mejilla, luego en mi nariz, luego en mi frente, en mis ojos, mi cabeza, mi boca, mi cuello, mi pecho, mi espalda, mis piernas, mis pies, en mí, entera. Que tus manos recorran mi cuerpo sin descanso, imparables, jugando a provocar unas cosquillas que sólo vos podés generar, que sólo vos pudiste descubrir, sabiendo perfectamente dónde encontrarlas. Necesito abrazarte por la espalda y dormirme respirándote en la nuca, escuchando tus ronquidos, tu respiración tan honda, que se convierte en una canción de cuna para mí, llevándome al mejor de los descansos. Y así, dormir a tu lado, soñar con vos, despertarme con un beso tuyo, para luego volver a abrazarte, volver a besarte una y otra vez, volver a descubrirte, a tocarte, a rozarte, a mimar cada parte, a hacer el amor como la primera vez, tan único, tan especial, tan nuestro, tan vivos los dos, tan entregados. Necesito eso, eso es: la entrega, poner el alma en juego, el corazón en tus manos, tu corazón en las mías, despegándonos de todo al saber que de dos nos convertimos en uno, de la nada pasamos a ser todo, con un poco de miedo, quizá; algún temor inundando el alma, propio del querer, pero sin dudar ni un segundo del amor que existe, entre nosotros, entre nuestros seres, que se encuentran de la mano, girando en un infinito.