Día 17

Cumplimos 4 meses, y hay tanta distancia en el medio.
Pero yo te siento cerca, te siento conmigo, plasmado en mi alma.
No hay forma de negarlo: estás acá.
De seguro, yo también estoy allá.
Estamos juntos entre toda esta distancia
porque este amor es real,
real como vos, real como yo,
dos personas reales, que existen, que sienten, que son.
Soy para vos como sos para mí,
Soy y te pertenezco
porque no me interesa que la vida sea de otra forma.
Quiero pertenecerte porque te amo,
quiero ser tuya para siempre, porque me amás,
y quiero amarte eternamente porque te adueñaste
de mi cuerpo, de mi alma, de mi ser.
Sos luz, sos brillo,
sos el detalle que me falta,
la pieza que me completa,
todo lo que me complementa.
Porque así me llenás, me plenificás,
me hacés renacer día a día
al volver a enamorarme nuevamente de vos
cada vez que te vuelvo a ver,
cada vez que te vuelvo a respirar,
cada vez que te vuelvo a sentir.
No veo, no respiro, no siento,
hasta que no estás conmigo.
Por eso me siento algo muerta,
como en una especie de limbo:
esperando, aguantando,
pero incrementando este amor
siempre más, más, y más,
alcanzando niveles que jamás hubiera imaginado
porque esto va más allá de todo,
superó mis expectativas
para darme el triunfo completo
la victoria más grande de mi vida:
un cielo en el que brilla el sol, cada mañana
pero obnubilado, opacado,
porque está junto a tu rostro, que me ilumina.
Estás ahí, ahí estás vos.
Y con vos está mi vida.