Te amo desde lo más profundo de mis adentros. Te amo sin un límite, indeterminadamente.
Te amo sin principio ni final:
O quizá sí hubo un principio, y te amo desde el inicio del cosmos, desde que nuestras almas se manifestaron.
O quizá también haya un final, y hasta el final de los tiempos te amaría, hasta que mi espíritu se desintegre y se pierda en una grieta espacial.
Te amo con los sentidos, te amo en silencio y te amo a los gritos.
Te amo cuando te miro, cuando te extraño, cuando me faltas.
Te amo cuando te imagino. Y te imagino porque te amo.
Te sueño y te deseo y te amo de nuevo, porque sueño contigo, soñando en conjunto.
Te amo con los dedos y recorro tu cuerpo acariciando cada parte, que tanto admiro.
Te amo y me encanta este sentimiento de amarte. Puedo amarte porque vivo y puedo vivir porque te amo.
Así, simbiótico, insertándose por el centro del pecho e inervándome cada parte, introduciéndose hasta la médula. Inyectándome descargas eléctricas que me despiertan los más profundos suspiros.
Y te amo y te abrazo y sueño con hundirme en vos, por siempre. Quiero quedarme adentro tuyo, que te quedes adentro mío. Que no nos vayamos, que no nos soltemos; que giremos entre colores pasteles y puntitos de brillantina. Que bailemos la noche entera y nos besemos hasta que amanezca, envueltos, nosotros, juntos.