No puedo actuar de otra forma.
Me la sigo jugando, día a día,
segundo a segundo.
¿Y qué si en el próximo instante
me llegara a morir?
¿Qué dejaría, más que una mueca
algo entristecida, algo dolida?
Déjenme marcar con fuego
en el fondo del alma:
que sea indescriptible,
el sentimiento más eterno,
inolvidable para todo aquel
que lo vea existiendo
entre nuestros dos cuerpos
cada vez que nos besamos.
No me dejen con la sed de ser,
la sed de dar,
sabiendo que tengo tanto
tanto amor latiendo
tanta sangre corriendo
dispuesta a derramarse
toda, completa,
por ese alma singular
que me arranca el corazón
cada día, cada noche,
y me invita a jugarme la vida.
Y me la sigo jugando, día a día,
segundo a segundo.
¿Y qué si en el próximo instante
todo acabara?
Diría que es imposible.
Esto no tiene fin.
Ya no termina, ya no se muere.
No hay disolución.
Porque se prolonga en lo eterno,
más allá del infinito.
Porque se extiende, y crece
y se esparce sobre todos,
surgiendo entre nosotros dos.