estás
Estás en todo. Estás en mi barrio, las calles, la vereda. En los colectivos. En cada supermercado. Estás en mi auto. En cada charla con mis amigos. Estás en la bebida, en la comida. En cada fernet. Estás en el cielo y en la tierra. Estás en las nubes. Estás en el mar y en la sal. Estás en mi cocina, en las mesadas, en cada vez que cocino. Estás en mi lavadero, mi baño. Estás en el comedor, el living, el sillón. Estás en la televisión, en un cable de play. Estás en la pieza de mi hermana, de mis papás. Estás en mi pieza. Estás en mi cama. En mi almohada. Mis sábanas, mi frazada, el piso, el ropero, la pared. Estás en el colchón, en la computadora, la mesita, la ventana, el ventilador. Estás en una cajita, en esas ojotas talle 42, en los colchones de la otra pieza. Estás en mi pelo, en mis ojos, mis labios, mi nariz. Estás en mi pecho, mis hombros, mi cuello, mi panza, mis brazos. Estás en mis manos, mis pies. Estás en cada centímetro de mis piernas, y entre ellas, y un poco más arriba. Estás en mi cola, en mi espalda, en la curva que forma mi columna. Por ahí pasaron tus dedos, tus labios, tu lengua. Pasaron noches, pasaron eternos días, de pasión y entrega y amor. Amor por sobretodo. Amor lo que existe. Amor lo que florece y vive en ambos todo el tiempo. Vive entre los dos, y lo estamos ejecutando. ¿Para qué? ¿Los motivos? Si dejamos de alimentarlo se va a morir. No puedo soportar esa idea. Si lo mato a él me muero yo.
fue un
viernes, abril 04, 2014