de vuelta

Y en un beso desenfrenado,
cualquier inseguridad que nublaba la visión
dejó de existir.
Se corrió, pegó un salto;
dejó el camino libre.
El estrecho intransitable
pasó a ser un claro de luz.
Los árboles marchitos revivieron:
las hojas secas volvieron a colorearse,
y el fruto caído retomó su frescura.
Allí los dos, juntos de nuevo,
estrechándonos como alguna vez supimos,
como alguna vez deseamos,
recordando el objetivo,
recordando la razón:
los dos, un "nosotros",
una promesa, un "para siempre".
Y en el infinito, el cosmos a nuestro favor,
las casualidades de la vida uniéndonos así,
tan fortuita e impredeciblemente.
De vuelta la sonrisa impresa en el rostro,
el beso interminable,
las caricias diseminadas
por el pelo, por el cuello,
la cintura y la columna,
la cadera, el abdomen,
una pierna, y la otra.
Las manos tomadas.
Los sueños aferrados.
La vida llevándose a cabo.
Los pies caminando a la par,
avanzando, juntos.