¿Qué es lo lindo de la rutina? ¿De poner fechas, horarios? Lo lindo es crear rituales. ¿Y por qué? Porque cuando un día se corresponde a una acción venidera que nos hace felices, esperamos ese día con ansias. Brota por nuestros poros la alegría. Hacemos cuentas regresivas. Esperamos, desesperamos, nos ponemos nerviosos. Imaginamos, creamos una expectativa. Imágenes mentales, sueños a realizarse, cosas que queremos que pasen.
       Y cuanto menos falta, más sonreímos. Y cuando llega el día, nada nos puede parar. El humor es increíble, da igual perder un colectivo, almorzar algo que no sea de nuestro gusto. Da igual ver la tele, usar la computadora, escribir acá. Da igual, porque la mente está enfocada en el maravilloso ritual que creamos con alguien más. Ese ritual que nos indica que vamos a vernos, enloquecernos y compartir la felicidad.

Como diría Antoine de Saint-Exupéry en su magnifica obra, El Principito:
“Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, a partir de las tres empezaré a ser feliz. A medida que se acerque la hora me sentiré más feliz. Y a las cuatro, me agitaré y me inquietaré; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes en cualquier momento, no sabré nunca a qué hora vestirme el corazón... Los ritos son necesarios”