a su merced

A veces, simplemente, el miedo no radica en amar. No se tiene miedo al amor sino a amar sin ser amado. A amar y perder al ser amado. A amar y dejarse a uno mismo. Se teme a amar en soledad o a amar hasta desindividualizarse. Volverse el otro en ilusión de entrega plena y perdiendo la esencia que nos hace lo que somos. Pero, ¿qué sentido tiene dar hasta la esencia si nos va a dejar vacíos? Y la otra persona ya no se va a encontrar con lo que amaba. Va a descubrir un ser enajenado, desconocido, indefenso, dependiente, débil, carente de identidad. Ser que entregó todo y hasta su mismísima alma pensando en el amor como una disposición plena, aunque más que dispuesto parecería sacrificado ante ese sentimiento, exacerbado en obsesión, desquiciado y manipulador. ¿Y qué le queda al que nos amaba? ¿Cómo tratarnos? ¿Cómo evitar que su sentimiento de amor se desmorone al descubrir que nos convertimos en robots a su merced? ¿Cómo va a soportar la deshumanización?