creo que en parte no lo sabíamos pero ¿cómo recordarlo con fehaciencia?
la sensación era una entrega con miedo
nos entregábamos mutuamente con miedo
cuánto miedo de no saber ser con el otro
de no estar a la altura del otro
lo que en la admiración y en la fascinación no recordábamos era que
somos personas
sujetos reales
seres humanos
¡seres humanos!
humanidad plena en nosotros con esa capacidad de amar todo total y completamente con la entrega más pura y la intención más transparente
e igual capacidad de temer y querer arrojar la vida, querer detenerla, romper el tiempo, dejar de envejecer, suspendernos en el aire y desaparecer de la faz de la tierra
intenso el límite hacia un lado, intenso hacia el otro
cuando se siente con profundidad en lo más hondo del alma no se sabe discernir sentir con más profundidad un sentimiento o el otro
todo es más real, vivo, porque es proporcional a la sensación de vida que brota desde quién sabe dónde
corazón, alma, pecho, mente, corteza cerebral, tronco del encéfalo, pineal, chakra, raíz, columna vertebral, cada célula individual
quién sabe de dónde viene cada trozo de vida que a más se expresa, más se siente, lo "bueno" y lo "malo"
pero, ¿puede que no haya tal bueno ni tal malo?
puede que seamos simplemente sin juicios
y de pronto llorar porque fue la emoción que precipitó nuestro límbico sobre nuestra conducta aprendida
haya sido la manera de canalizar y trascender la energía recibida justo en ese momento en el que se recibe y se eleva a la corteza
donde nuestras áreas intepretan como aprendieron a interpretar alguna vez, según dice la ciencia
circuitos preestablecidos, reacciones aprendidas
neuronas que se activan, neuronas que se inhiben
alguna vez aprendimos qué hacer frente a qué situación ¿quién nos enseñó? ¿lo aprendimos solos? ¿a qué edad, antes o después de una poda neuronal? ¿de dónde lo aprendió quien nos lo enseñó, sólo o se lo enseñó alguien? y ese alguien ¿por qué lo enseñó así? ¿por qué lo aprendió así?
¿cuál de todas las reacciones que desarrollamos frente a un hecho es la correcta? o quizá esa no es la pregunta, porque dije anteriormente que no estaba para hacer juicios de valor, ya no más
¿y por qué doy indicaciones sin que me las pregunten? ¿qué quiero lograr? ¿a quién le quiero enseñar qué?
en algún momento nos indicamos mutuamente cómo éramos, cómo solíamos ser
¡cuánto conocimiento de una misma! ¡verso!
si la que era ya no soy y la que soy ya no seré
todos los días intentando ser la mejor versión que me sale ser
¡y de nuevo el juicio! "la mejor versión"
¿qué es ser el mejor? ¿mejor que quién? ¿para qué?
¡ignoro el hacer en esta búsqueda eterna e incansable del sentido de tanto pensar, de tanta reflexión, de tales profundos pensamientos que se meten sin parar! ¿cómo frenar la mente irrefrenable? ¿deshacerse del ego? ¿cómo? ¿qué es eso?
una mente irrefrenable
cómo ser constantemente
¡cuánto gasto de energía!
creo que fue sencillo deshacerse del ser a través del tener cuando venís de una familia trabajadora y humilde
pero ser a través del hacer, el otro gran mandato sociocultural (diría que los mandatos socioculturales de la época son Ser a través del tener y del hacer, ya ser tener fama, dinero, seguidores, preocupaciones, cansancio, frío, hambre, boletos de avión, ropa, autos, propiedades, familiares a cargo, títulos, problemas, o hacer actividades ya sea de forma pasiva o activa, como viajes, gimnasia, terapia, manejar un buen coche, ir de bar, ver la televisión)
medito profundo en esta demanda interna del hacer
incluso ahora escribiendo que no estoy haciendo otra cosa que escribir sentada y miro el tiempo y me agarra ansiedad porque el día se va terminando y no hice cuanto quería hacer
pero no me importa, respiro hondo y me olvido del tiempo
hoy me toca parar de ser a través del hacer un poquito
¡inicio a fin del día haciendo!
respiro hondo con los pies en el suelo con la cola hacia atrás
cierro la ventana que me está dando frío y me duele el cuello
¡de tanto hacer! ¿para qué tanto hacer? y tan activamente...
me concentro en mi espalda mientras escribo, hacer desconcentrada me llevó a dejar caer mi cuello sobre mi pecho, encorvar mi espalda... de ahí viene el dolor
medito en ello, medito profundo en esta demanda interna de mirar el reloj y sentir que no se llega nunca, ¿cuánto hay que hacer como mínimo para ser? ¿por qué? permitite frenar...
el aire entra hasta mis pulmones porque desciendo el diafragma con mucho cuidado, respiración diafragmática se le dice, ayuda a aliviar la mente hiperactiva, ayuda a disminuir el estrés, la demanda emocional, activa el parasimpático, afloja el estado de alerta...
ser, ser puro, existencia completa asomándose detrás de todo este envase que indossa ropa, se cubre con piel que envejece, se quema y lastima, demanda alimento, bebida, dulces, caricias del viento, de la piel de un otro, luz, calor y amor
envase que le hace de móvil a una mente que demanda eléctricamente todo lo que demanda el cuerpo, que envía órdenes ante estímulos, sin siquiera procesarlos, asimilarlos, dejarlos ser
mente que identifica, clasifica, discierne, razona, interpreta, desea, reflexiona, fantasea, aprende, desaprende, olvida, recuerda
¡mente que ni siquiera es el ser, no! parte, pero no el todo...
ni siquiera el ser es el todo, sino una simple parte de una gran vibración que no sabemos todavía ni creo que algún día se podrá confirmar si esa gran vibración es eterna o limitada
porque ¿a dónde llegan las vibraciones que no vemos? ¿la frecuencia de onda mínima, la amplitud mínima, dependen de una capacidad óptica, de resolución? ¿acaso no hay tanto que existe que no vemos? y que logramos descubrir gracias a inventar el aparato que lo mide... cuántos aparatos quedan por inventar que logren medir lo que hoy es inmesurable... con una tendencia demostrada hacia el vacío, hacia el espacio, como esos átomos llenos de espacio entre ese pequeño electrón y un núcleo que, en relación, ¡están a kilómetros de distancia! ¿qué hay en todo ese espacio? ¿qué nos quedará por mirar que no estamos mirando? si incluso hay tanto para mirar en un paisaje tan banal como la cocina-comedor de un hogar de una familia cuya historia recién comienza, una historia que quizá ya imaginaban cómo iba a ser, aunque la imaginaran con miedo, aún así ¡se animaron a vivirla! una familia que hace unos escasos seis meses se hallaba reposando en el pasto de un pueblo pequeño que los saludaba con un tren esporádico, mientras él y ella hablaban sobre lo mucho que se amaban y lo mucho que le temían a ese amor por miedo a sufrir, ¡y cómo no recordarlo con fehaciencia después de meditar! cómo no detener el hacer para ir a buscar la neurona que depositó esa información en lo más profundo de mi sistema límbico, ese que manda la señal de estremecer mi piel cuando es tu mano la que me toca, o de llorar de emoción por ver tu cara frente a la mía en una iglesia de no sé cuántos años atrás, poniéndome un anillo en la mano, que en mi corazón significa amor, que en mi mente es casa, familia, apoyo, encuentros, desencuentros, compañía, soledad, un sinfín de emociones que acompañan al ser uno mismo! a la eterna humanidad que reposa y se mueve dentro nuestro cada vez que somos... que es todo el tiempo, aunque a veces lo disfracemos del hacer, aunque a veces pasemos tanto tiempo haciendo y distrayendo al ser, hasta que de golpe un día nos sentamos en la plena oscuridad del hogar por la noche, con un café delante, un dolor de cuello un poco estresante, una intención de escribir sobre un recuerdo que se me vino a la mente por una foto, y hallar en el recuerdo una sensación que hoy en día estoy asimilando, que día a día voy transmutando, y al lado ¡vos!!! acompañándome en cada proceso y haciendo todo mucho más fácil te dije hoy... pero no, no lo hacés más fácil, lo hacés como lo hacés y yo vivo al lado tuyo unas cuántas horas al día por elección, y hacer todo con vos de cerca no es porque me facilites la vida sino porque me gusta la vida con vos! me gusta la vida con una mirada que me mira con esa forma de mirar, incluso cuando me mirás con la mirada perdida en algún lugar, o cuando me hablás sin mirar, todas y cada una de esas formas de mirar son las que amo. todas y cada una porque son humanas, y en esa humanidad amo, esa humanidad de igual a igual, de que somos lo mismo, incluso que los árboles, las semillas o las estrellas, que un gusanito que encontré entre la tierra, que el agua que fluye libre y no deja de correr, que el sol haciendo crecer nuestras plantas, que todas y cada una de las personas que habita en este universo, incluso las que hicieron milagros, incluso las que asesinaron a sangre fría, todos, iguales, todos, tan únicos en esencia, en la existencia plena y pura, irrepetible, e imposible de ser vivida o experimentada por otro ser que no sea este ser propio, cuyo cuerpo y mente se ponen al servicio de una existencia que a veces no se deja ser, pero descubre esto, y quizá, quizá en algún momento abrace al miedo tanto como al amor, quizá ya lo hace y no lo había descubierto, quizá no le cuesta tanto hacerlo, ni le cuesta tanto cambiar la emoción hacia la paz como pensaba, dejar de lado la identificación del sentimiento, la nominación, la descripción, la semántica, la palabra, la estructura, y ser, por ahí, en algún sitio que encuentre cómodo para relajar su cuello y simplemente ser, simplemente existir.
y como vivimos bajo el mismo techo, cuando vuelvas a casa, existiremos de cerca –siempre que lo queramos... ¡gracias por querer hacerlo conmigo!–