el día del edificio

te acordás de la tarde
esa tarde que no fue esta tarde
pero fue esa en la que
un edificio se interpuso
entre
el Sol
y vos y yo

el cielo se expresaba
cual obra de arte
ocaso lileástico
violetísico
purpurado
rosado
creo que esta última es
la única
que me admitiría el diccionario
como correcta
pero qué me importa mi dicción
si los sentidos normales
desconocieron todo lo
previamente conocido
al estar exacerbados con
toda
esa
nueva
vorágine de
sensaciones

y pasó un avión
por encima de nuestras cabezas
las lucecitas nos llamaron la atención
no fue el día del edificio
ni fue hoy
fue ayer
me rodeabas con tu brazo
apoyaba la cabeza en tu hombro

inspiré hondo para guardarme el recuerdo

queríamos teletransportarnos
a esa cabina
y atravesar el cielo
ahora azulado
impregnado de negrura
ya sin tintes purpurílicos
rosadáceos
violetados
lilas

y una perra y un perro
jugueteaban por el parque
vos me contabas de cuando en cuando
que corrías esas calles con tu papá
nos mirábamos con el Sol de soslayo
eso no fue esta tarde
ni el día del edificio
ni ayer

le diría el día de los perros
o quizá el del timbó
que me detuve a mirar
cuando recorríamos tu barrio
del brazo

bajo ese árbol
un médico vacunaba contra la viruela
muchos años atrás

caminamos por Puán

yo no me acordaba de cómo era el parque
ni sabía que tenía un centro cultural que se llamaba Adán Buenosayres
como el personaje de Marechal
o que bailaban tango a la noche abajo del puente
tampoco sabía que había una fuente turquesa
ni que un farol titilaba
o que había un árbol con un orificio ovalado perfectamente delimitado
de unos sesenta centímetros
que creíamos que era la puerta de entrada
a un agujero de gusano
tampoco me acordaba de que la luna brillaba tanto
ni de que el olor a primavera combinaba tan bien con el olor de la piel
una piel que se podía erizar con extrema facilidad

caminábamos por la de tu casa
nos tomamos de la mano en una esquina
no me querías dejar ir
yo tampoco quería irme
te quedaste un poco más
me quedé un poco más

nos quedamos
nos miramos
nos miran
nos

puedo usar ese pronombre
sin miedo

sos una incógnita
pero no estaría necesitando
despejar la equis

no lo pienso
y lo vivo con la espontaneidad
del perro y la perra
que interrumpieron la sumergida
que había hecho sobre la superficie de tus ojos
marrones
que decís que son comunes
y yo te los miro
fascinada

apoyás la cabeza en una de mis piernas
cerrás los ojos
hoy, esta tarde, hace un rato
sigo mirándote
recorro tu cara con
mi mirada
observo
recuerdo
sigo mirándote
aunque no esté ahí
ni estés acá
te recordé
cierro los ojos y
te miro
nos miro

me das paz
te lo dije hoy y creo que ayer también
creo que también te lo dije la semana pasada
no me animé el día del edificio
ni el día de Larrea y Córdoba

vas pisando sobre barro mojado
huellas mnémicas,
placer para mi memoria
que se siente cómoda

me río de tu espontaneidad
la misma que te caracteriza desde
el día del edificio

me gusta tu naturalidad
me gustan tus manos en mi espalda
tu boca en mi boca
tu pelo en mi muslo
me gusta que me saques la ropa
que escuchemos música por horas
que mis ganas de tocarte sean tantas
como las tuyas de tocarme a mí
de tenerte cerca y sentir una energía
brotando de mí
chocando con la tuya
brotando de vos
atrayendo nuestros centros

me rodeas con tus brazos
te rodeo con las piernas
nos rodeamos
nos

otra vez nosotros

un día más, tarde más, noche más

mientras tanto, la ansiedad se convierte en polvo de estrellas
allá está, lejos mío, en el océano universal
sin saber cómo lo lograste
pero sí, es así
se desvaneció
y yo, en paz
con ganas de estar acá y allá
con la certeza de que en un mañana próximo
habrá no sólo la tarde del edificio
o Larrea y Córdoba
o la de los perros
o la de ayer
ni la de hoy
y el cielo violetándico
lilandásico
rosálido
púrpura