Permanece en silencio, sola, a oscuras, cerca del calefón. Está allí parada, mirando la llama. Escuchando el leve sonido que hace la combustión. El café en la mano se le enfría y ella ahí sigue, mirando el fuego. No responde ni reacciona, sólo respira pacientemente. Sus ojos miran ese azul extraño, que a veces se tiñe de naranja, de amarillo... brillando. Brilla en la oscuridad. Es lo único que brilla. Es lo único que se oye. Pero ella no brilla, ni sus ojos, ni sus labios. Sus ojos no miran el fuego, miran más allá. Perdida la mirada, atraviesa la memoria, y un recuerdo se le cruza. Brilla algo dentro, pero no se ve. Nadie logra verlo. Sólo hay alguien con la habilidad. Pero no está allí. No puede recordarle que ilumina. Que es luz. Sol. Destellos.
No puede recordárselo porque no está. Y si no está él, el único que sabe que ella brilla... ¿cómo va a saber ella que puede brillar?