Celeste

Celeste llora cuando piensa que
el amor no le corresponderá.
Llora porque imagina
que la van a dejar.
Celeste llora y se repite
qué infeliz sería
si algún día se enamora
y termina abandonada.
Celeste mira el cielo
que siempre está nublado
y no entiende por qué
las nubes no se borran.
Celeste siempre teme
que la hagan sufrir
entonces se automutila
para controlar el dolor.
Celeste no resplandece,
no sonríe ni es feliz.
Le tiene miedo a morir
pero no sabe lo que es vida.
Celeste no tiene color,
está monocromática.
Se olvidó de cómo brillar,
amanece sin esperanzas.
Celeste se fue de su casa
una vez, allá a los dieciséis.
Nadie la volvió a ver,
sólo un chico en la plaza.
Celeste está tan flaca,
no come, no nada.
Sufre frío cada madrugada
bajo un árbol, solitaria.
Celeste está asustada
y no sabe por qué.
Perdió toda la voz
(podría haber cantado).
Celeste grita en silencio
y sangra demasiado
por debajo de las mangas
(es su propia elección).
Celeste nunca tuvo amigos
ni conoce lo que es el amor.
Sólo escuchó por ahí
que la gente te lastima.
Que los amigos no existen
más que para traicionar.
Que el amor es una farsa,
sólo un cuento que contar.
Celeste no sueña,
no mira, no huele.
No quiere sentir nada
porque sabe que nadie la siente.
Celeste llora por última vez
y patea el banquito bajo sus pies.
Y ese chico de la plaza lloró
cuando se enteró que se fue.
Bajo el árbol de la plaza
plantó flores color celeste.
Dejó lágrimas en su entierro,
y nunca más volvió a ese lugar.