Y tras su último susurro
una nota persistente
domina mis sentidos.
Allí me quedo, escuchándola,
con el teléfono aún en mis oídos.
Allí me quedo, esperando,
como si tuviese la ilusión
de que su voz reaparezca
comunicándose, del otro lado.
Miro el teléfono
como si lo mirara a él
luego de quedarse dormido,
descansando en un costado.
Pero no es él, no escucho,
ya no oigo la respiración,
ni siento el calor de su piel.
Allí me quedo, solitaria,
reviviendo en mi mente
la sensación de su tocar.
Revivo el dulce roce
y en mi mente lo dibujo:
sonriendo, rozagante,
iluminándome la vida.
Revivo sus suspiros
para olvidar esa ráfaga
tan fría y descorazonada
que me envolvió de pronto
cuando una nota persistente
dominó mis sentidos
tras su último susurro.