De vez en cuando, tengo miedo.
Miedo de que el odio que siento hacia mí misma se interponga entre vos y yo.
Que mi miedo a ser poco, se vuelva real.
Que mis problemas se vuelvan un obstáculo.
El pasado atormentando diciéndome que siempre voy a ser segunda.
Que nunca brillaré por mí misma.
Nunca ser YO, sino "la hermana de...", "la amiga de..."... Siempre.
Siempre ahí, detrás del telón, esperando una función propia que nunca se estrena.
Y temo todo el tiempo, y es simplemente temor.
Temor a que se realicen los miedos. A que las pesadillas se conviertan en certezas.
A que se materialicen delante de mis ojos mis peores pensamientos.
No quiero, y me alejo, y salgo corriendo.
Me da miedo arrastrarte, arrastrarnos, no poder zafar.
Quiero salir de esto, no creo merecerlo, ni que lo merezcas vos.
Pero no dejo de mirarme en el espejo y sentirme odiosa, fea y repugnante.
Y no entiendo tus "linda", tus "te amo", tus palabras.
Parecen salirte tan del alma, y siento que son tan sinceras...
Y quisiera creerlas, quisiera que surjan de mí misma, de mis propios pensamientos.
Quisiera amarme, sentirme linda.
No sólo a veces: siempre. Cada día de mi vida.
Cada día de nuestra vida compartida.
Para dejar de caer en cada escalón que me lleva a sentirme plena.
Que me lleva a sentirme entera, resuelta, completa.