Quizás,
cuando yo te miré,
y vos me miraste,
y ambos nos miramos,
tal vez debimos
sólo seguir caminando.
Pero no pude.
Admito que lo intenté...
pero no fue posible.
Sucumbí ante tu sonrisa.
Y me arrojé en una alfombra
bañada en tu aroma.
La música se volvió ruido
al escucharla en tu ausencia.
Y tu existencia en el mundo
fue la razón de mi existencia.
Fue mirarte a los ojos
y sentir cómo una semilla
se depositaba en las entrañas;
amor profundo que siento,
que crece y crece,
y sólo se fortalece.