No me importa abrir los ojos,
lo único que quiero es mirarte.
Ya no temo a los fantasmas,
ni lloro debajo de las sábanas.
Quizás no son certezas,
quizás son disparates;
pero parten de este amor
tan indestructible,
tan irremplazable.

Y si te digo que cada vez
que te miro fijo a los ojos
pareciera que me hago etérea
que me pierdo, que salgo volando;
es porque es un sueño,
es porque mis deseos,
aún los más imposibles
te contienen,
te incluyen.