Quedarme plasmada
simplemente mirándote a la cara.
Mirar tus ojos, mirándome.
Aunque sea a través
de una maldita pantalla.
Tu mirada toca el alma.
Toca el alma y relaja.
Siento tu voz y se enciende,
una llama, perenne.
Brilla el fuego del interior,
brilla la llama en la eternidad.
Así brillaremos eternos los dos,
bajo un manto etéreo,
del cual nos escaparemos,
como niños, escabulléndonos,
para ir recorriendo el mundo entero.