Detente un momento. Detente, y escucha. ¿Logras percibirlos? Esfuérzate. Es sólo por un minuto. Ven, acércate. Apoya tu oído aquí. ¿Sientes cada respiración? ¿Ves como mi pecho se expande y se contrae, lentamente? ¿Ves cómo disfruto cada bocanada de aire que ingresa en mi cuerpo, inundada del aroma de tu piel?
Pero no es eso lo que importa, no, no es eso lo que quiero mostrarte. ¿Sientes aquí? ¿MI piel? ¿Sientes cómo está? Se erizó por completo. Los brazos. Las piernas. La nuca. El vientre. La espalda y los pies. Con sólo rozarte, de pronto, se revoluciona el cuerpo, increíblemente.
Pero tampoco es eso lo que quería mostrarte. Quiero que continues allí, sobre mi pecho. No importa que sientas mi piel o que sientas mi respiración. Quiero que escuches algo. Muy suave. Muy sutil. Casi imperceptible si no apoyas tu cabeza aquí. ¿Lo sientes? ¿Sabes lo que es? Es como un ritmo. Como una percusión. Como un retumbe. Allí está. Latiendo. Sintiendo. Manejando mis deseos, mis aspiraciones. ¿Sientes cómo late? Tan rápido y voraz. Y por momentos tan suave y delicado... Porque te tengo cerca y mi corazón se dispara, y me rozas y me revoluciono, y te duermes a mi lado y me calmo por completo, el alma se me tranquiliza y me siento feliz de amarte tanto. ¿Lo escuchas ahora entonces? ¿Entiendes lo que provocas? ¿Comprendes que sos mi sueño? Desearía eternidad sólo para amarte hasta el fin de los tiempos. La vida entera.