Verte dormir y otros placeres de la vida

Si hay una paz
tan plena
e intensa,
es la que me transmitís
cuando te veo:
allí, tus ojos cerrados,
respiración pausada,
profunda pero calmada.
Allí, tu cuerpo derramado,
sobre mi cama,
a mi lado.
Eterno sea el momento,
este momento,
mirándote así,
con los párpados cerrados,
la boca semiabierta,
la paz impresa
en tu gesto inocente
en tu mueca indiferente,
ese esbozo de sonrisa,
algo extraña,
pero siempre
aún entre sueños,
deseos y fantasía,
con tu clásico dejo de picardía.
Tu pelo enmarañado,
alborotado como mi alma,
que va descubriendo de pronto
estos nuevos sentimientos
se me están volviendo adicción;
estos placeres tan simples
pero tan irremplazables,
tan únicos en su tipo,
tan llenos de amor;
un amor que es fuerte,
que no se cansa,
que pide más,
así sean horas,
minutos o segundos;
que se hace presente
a cada momento,
en cada lugar,
en cada gota de sangre
que circula por mi cuerpo.
Es un amor que no deja de crecer,
que se me va de las manos,
anhelando el infinito.