Flotando desmedidamente,
sin nada de donde agarrarse.
Tampoco busca una soga que la llegue a sujetar.
Flota sin sentido,
de un lado a otro,
allí libre,
allí ella,
allí está,
flotando.
Mueve sus brazos y sus piernas,
sin nada que le impida moverse.
En una especie de impulso salta en el aire.
Sonríe y salta,
salta tranquila,
allí libre,
allí ella,
allí está,
flotando.
Pero no es un aire cualquiera.
No es un viento sin perfume.
El blanco de las nubes no es cualquier blanco.
Es el blanco ese,
la sonrisa aquella,
aquella mágica,
aquella brillamte,
aquella hermosa,
destellante.
Y el ruido del viento es sereno,
se le hace tan amado;
suena como aquel suspiro, dulce y suave.
Esos suspiros
de su respiración,
ese respiro,
ese oxígeno,
ese aire,
vital.
Vuela en él.
Y se siente en libertad.