Los veo. Allí están.
Ella y él.
Un matrimonio, con hijos.
Sentados en la mesa,
entre falsos insultos,
se maltratan bromeando
en demostración de amor.
Hablan con sus hijos,
se miran y se ríen,
se besan dulcemente,
se abrazan, se comparten.
Son ambos hace años,
ambos crearon vida
ambos maravillados
a pesar de las dificultades
del día a día.
Los veo. Allí están.
Ella y él.
Los años se les notan.
En su pelo, en sus manos.
También en su forma de mirarse.
Así tanto tiempo pasó,
así tanto llevan vivido,
así tanto se conocen;
son una persona sola,
sus cabellos blancos de sabiduría
son indiferentes cuando
en un pequeño desliz
por alguna cotidiana razón
comienza una tonta discusión
donde vuelven a ser dos niños
para luego reír otra vez.
Nos veo. Allí estamos.
Vos y yo.
Tan sólo son días
los que constituyen nuestra historia.
Tan sólo son meses
que pasamos, conociéndonos.
Pero no dejo de pensar,
cuando los veo a ellos
en el paso del tiempo
y nosotros, viviéndolo.
No dejo de pensar
en que eso es lo que quiero:
no importa cuánto cueste
ni cuánto deba esperar,
sólo pasar mi vida con vos,
teniéndote a mi lado.