Lluvia y lágrimas

No existe para mí
un sabor más exquisito
que el de una gota de lluvia
que,
desde lo alto del cielo,
caiga sobre su cara,
recorra su mejilla,
y se pose en su boca;
y no existirá para mí
un sabor más amargo,
que el de una gota de su ojo,
que,
desde lo más profundo del alma,
brote impaciente,
fluya incesantemente,
y opaque su sonrisa maravillosa.
Beberé ambas gotas,
y la lluvia será un elixir
luego de haberlo recorrido.
Beberé ambas gotas,
y las lágrimas serán olvidadas
antes de quebrar su sonrisa.

Ocultaré su dolor...
Lo abrazaré despacio.

Y lo amaré.