Florecen por la piel.
Buscan expresarse.
Buscan las manos,
y las manos responden.
Por ellos, comienzan,
dulcemente, despacio,
a acariciar su cara.
El cariño que explota,
y el amor le brota;
mirando sus ojos
la pasión se le sale.
Siguen florenciendo,
y tras unos segundos,
comienza a besarlo.
La risa del alma
se escucha desde lejos.
Sonríe y se ríen,
se ríen y se besan,
se besan y se abrazan,
se abrazan y se aman.
¿Quién les dice ahora
que vivir es difícil;
que soñar es inútil,
que todo es fantasía,
vana ilusión,
tormento y dolor?
Son felices, sonrientes
muestran los dientes.
Los ojos brillando,
el alma cantando;
y los latidos sonando
bajo la misma frecuencia.
Se duerme en su pecho
e imagina mil vidas.
Se duerme y sueña,
que está allí arriba,
dormida.
Ese es su sueño.
Aún bajo la lluvia,
aún lastimados,
aún doloridos,
aún siendo abandonados;
desea que eso prevalezca;
el amor sea perenne,
y nunca deba levantar
la cabeza de ese pecho.
Su corazón sonando
eternamente,
con latidos tan hermosos,
musicales para ella.

Florecen sentimientos,
y la felicidad es infinita.
Duerme sonriendo,
recuerda su perfume,
se imagina un beso,
y no teme al mañana.
Siempre habrá luz.
Sólo se apagará todo
el día que él no esté más.