Entregarme a los efectos de estos narcóticos,
dejar que me envuelvan,
me absorban,
me calen los huesos.
Estupefacientes extraños, nuevos, raros;
que en el cuerpo colonizan y anclan el barco.
Suben las luces que bajan del cielo;
brillan los brazos,
las piernas y el cuerpo;
el torso se hunde y con humo se envuelve;
luces de esta Luna que cubren mi mente.
Que se apoderen de mí.
Que se apoderen también del cielo.
La sangre.
Los giros.
El viento.
El fuego.
El agua.
El tiempo.
Que se lleve el tiempo.
Que se vaya el tiempo.
Que horas duren segundos.
Luego, segundos, horas.
Dormirme horas en un sueño de segundos;
y amanecer en tus ojos.
Mirar tus ojos y que se despierte mi alma.
Que despierte mi alma y me inunde la vida.
Me inunda el amor y se funde con miedos.
Te amo, y hay miedo, y eso me desconcierta.
Pero con la vida te amo y el miedo no se alimenta.
Allí se encuentra, como todo miedo.
Pero escondido bajo el manto del amor que siento.
De viaje
fue un
sábado, septiembre 21, 2013