Contorsiono los dedos.
Las manos se me endurecen.
Quiero vomitar y no puedo.
Quisiera materializarlos y así poder verlos.
Que algo tan intenso se extienda
desde las orejas hasta los pies,
no puede no tener forma,
no puede no tener cuerpo.
Pero la forma y el cuerpo
se desenvuelven en miradas,
en abrazo, en beso, en sexo.
Vomitar el sentimiento,
ponerlo ante los ojos y verlo,
es tan imposible como
expresarlo en palabras.
En el momento en que la piel
suavemente se desliza con la ajena
           [-la del amigo, del padre, de la pareja-]
es el momento en el cual el sentimiento se materializa;
el gesto de afecto,
acompañado de brillo y calor humano,
derrama sentimiento hacia todos lados.
Los que tienen la gracia de vivirlo
tendrán la misma sensación.