la ternura
y la dulzura
salen a relucir
en los momentos
más profundos,
sinceros,
y sentidos
del alma,
deteniéndose
en un recuerdo
eterno,
y en la sensación
de calor
que proviene
de otra piel
ajena,
pero a veces,
a la vez,
percibida
como tan
nuestra,
como tan
propia,
como una sola
piel,
pero que hace
contacto
y se transforma
en disparador
de miles
de emociones
magníficas.