Si pudiese cerrar los ojos y hacer que mi cabeza se concentre en recordar el pasado; no este pasado sino el pasado del pasado, el pasado de otro tiempo; no este tiempo sino uno anterior, uno diferente, de otro universo, en otro espacio; si pudiese lograrlo, estoy segura que nos encontraría unidos también, unidos en la piel y en el cuerpo, con un corazón compartido. Nos encontraría mirándonos y sonriendo, cerca del final, algo asustados, pero aún así sonriendo, planeando un encuentro en el próximo espacio, en el próximo tiempo; concentrados en no caer en el olvido, asumiendo que la muerte no sería un despido, atentos en el esfuerzo de recordar los olores, recordar los gestos y las sensaciones, repitiendo una y otra vez las coordenadas, en ese mar, en esa playa, la hora y el día, el año exacto, donde otra vez nuestras almas, divagantes, siderales, desesperadas, atemporales, volverían a reconocerse en un silencioso abrazo.