Será siempre igual,
o quizás algo cambiará,
como en todo este año
cambió la forma
de saber algo de vos.
Será siempre igual,
escuchar un tren,
en medio de la madrugada
y pensar en tu nombre,
o pasar por esa esquina,
ver el quinto balcón
y pensar en esa sonrisa
en vos, descomunal,
pero tan usual
cada vez que me mirabas
y que alguna broma
que sólo los dos entendíamos
nos hacía largar
esas eternas carcajadas.
Ese humor único,
combinado con seriedad
que en muchas ocasiones
supe debilitar,
comentando estupideces
o simplemente recordando
alguna vez que, en la noche
golpeaste la puerta de mi casa
para ir juntos al muelle;
quizás algún momento
de hace muchos años atrás
cuando éramos tan niños
e íbamos juntos a la par,
por la playa, por la esquina,
por la calle que quisieras,
a altas horas de la madrugada
reconociendo las marcas
de cada automóvil,
o robando maderas
para una fogata.
Cuando íbamos pensando
en que nuestra amistad
era mejor que la que cualquiera
podía llegar a imaginar;
soñando crecer juntos,
cantándonos canciones,
                 ["y le dice al oído..."]
acompañándonos mutuamente
a cada momento...

Sí, y a pesar de todo,
aún sigues en mi alma.
Cariño intacto, recuerdos guardados
y la eterna imagen
de tus ojos que decían
en pícaras miradas
lo mucho que me querías.
Siempre estarás en mi vida
y espero alguna vez
volver a verte por la ciudad.
Cruzarte tras una esquina
y que me mires a los ojos,
no me corras la vista.
Acá estaré,
acá, la hija del fletero.
Acá, tu amiga.