Sobre hojas caducas,
sentados ambos
de frente a un centenar
de árboles anaranjados:
el viento sopla
y el aire musicaliza
las imágenes brillantes
que nuestros ojos,
maravillados,
alcanzan a ver.
Otoño soleado;
otro árbol deja caer
una hoja más,
que se balancea
de lado a lado;
otro pájaro vuela
y cruza el cielo
buscando un refugio
de mayor calidez;
otro rayo de sol
atraviesa despacio
las lejanas colinas
y reposa en las rodillas;
otra ráfaga que
estremece la piel
envolviendo el cuerpo
y meciéndolo.

Son recuerdos creados.
Imágenes imaginadas.
En la cabeza vuelan
y me detengo a pensar
que no por ser un sueño
no pueda ser real.
Porque si veo esos ojos
a mi lado
aún estando sola,
pero ellos presentes,
¿por qué no vernos
uno de cada lado
en un universo lejano
sonriendo?