Gota que cae despacio sobre el metal,
y aún al caer despacio,
hace un leve sonido
que se expande hacia los alrededores.
Aún así de leve, suena.
Débilmente, casi imperceptible.
Pero está sonando.
Vibración encadenada se libera
y un movimiento ondulado
hace vibrar el pintoresco dibujo.
Las cortinas de la habitación
están cerradas
pero entre las rendijas
un rayo de luz joven
se asoma lentamente
saludando así el día,
nuevo día amanecido.
Y la gota otra vez cae,
y el metal otra vez suena,
y el Sol que se eleva
llega a vibrar también.
Los pájaros sobrevuelan
esa gota y ese metal,
que una y otra vez se unen
para dar paso a los sentidos,
suavemente escuchar...