Su alma tiene una pena que ni ella logra comprender.
Su reacción se resume a apretar fuerte sus rodillas contra el pecho,
respirar entrecortado,
y aprender a nadar en su propia agua salada.
Y aunque antes le representaba un alivio, ahora se convirtió en ahogo.
Se ahoga sumergida en la corriente de esas lágrimas,
que derramadas sin cesar van tapándola por completo.
Sola, inmiscuida,
rodeada sólo por sus brazos,
vacío el bolsillo del corazón donde se guarda el afecto,
da dos vueltas a la llave, cerrando ese compartimiento.
Pero el cierre no es completo.
Las grietas son más profundas;
grietas viejas,
que parecían haber sanado,
sobre las cuales el alma se volvió a partir.
Y el temblor se desata,
se abre el suelo.
La lava debajo parece arder.
Le arde lo interno y se arroja allí.
Su dedo señala el ojo
que está abierto mirando este alud.
Su dedo lo señala y no deja de caer.
fue un
jueves, junio 13, 2013