Escuchó un ruido.
Pero estaba tan atenta al frío que no prestó atención. El frío se derramaba y se sentía asustada. Gélido y extraño, deseó pensar que estaba actuando como un desconocido. Pero en la realidad, no lo era. Era conocido. No sólo él sino su persona. Y conocía que siempre era así. Fue más fuerte que ella.
Escuchó un ruido.
Pero estaba intentando leer entre líneas para comprender qué había salido mal. Y miró, en su lugar descansaba un cuervo. Y miró sus propios brazos, y pequeñas gotas de sangre surgían lentamente.
Escuchó un ruido.
Miró, y nada parecía haber cambiado. Nada se había caído, ni roto, ni quebrado. Nada estaba fuera de lugar. El frío continuaba y no habían cambios. El frío estaba presente, y ella sin abrigo. El frío cada vez más intenso, y ella, enferma.
Escuchó otro ruido.
Está vez lo reconoció. Fue como si un cristal se agrietara. Como si, a punto de cambiar de estación, el hielo tan sólido de un lago congelado se partiera. Partirse para volver al lago de siempre. Imaginó eso. Y soñó cálido. Pero al abrir los ojos, descubrió nuevamente el temblor de su cuerpo.
Escuchó el mismo ruido,
ya por tercera vez. Ya, blanca. Ya, quieta. Ya, sola. Sus respiros se agotaban y la cara perdía los resabios de vida que había podido rescatar. Se concentró en esos ruidos. Y los escuchó tan fuerte que cerró los ojos y miró hacia dentro.
Allí, rescatando latidos, esforzándose, desgastado y quebrado: un corazón.
frío
fue un
sábado, junio 15, 2013