globo

La cabeza gacha, el rostro contorsionado.
Hambriento de descanso camina apurado.
Las luces se ocultan, el camino se apaga.
Sus brazos se chocan también con otros brazos.
Intercepta almas consumidas, como la suya.
Su galopar se volvió triste y cansado.
(¡la ciudad se lo comió!)
Y respira como obligado, un poco entrecortado.
(esperanzas no conoce)
Monocromos y grises, no hay Sol que resplandezca.
Cruza la avenida, esquivando tiburones
que amenazan con masticarle el corazón agotado.
Alcanza la vereda, atraviesa la cancela,
y arbustos marchitos lloran para calmar la sed.
Los azulejos desprendidos y las rejas oxidadas,
la pintura destartalada y la humedad se hospedó.
Suspira vacío y recuerda un sueño,
que ya lo siente lejano;
sueño casi olvidado, durmiendo en su cerebro,
subido a un globo aerostático, volando tan, tan alto.
Divisa esas almas que día a día choca,
tan pequeñas desde mil pies de altura,
pero no tan pequeñas como las siente
cuando las roza como si no tuvieran vida.
Se refugia en un sitio oculto tras una nube celestial.
La sopla, y tras ella, el brillo del Sol que acaricia.
Se duerme en sueños con un esbozo de sonrisa.
Mañana caerá, pero empezará otro día,
que cuando termine,
quizás lo mate,
quizás lo deje volver a soñar.