Cuando las palabras se sienten,
pero, justo en ese momento,
el nudo en la garganta
de tristeza y de dolor
nos hace echar de costado
y que nos comamos la voz,
esas simples palabras
de sentimiento tan intenso,
quedan moribundas,
casi cayendo por un balcón,
tirándose por un risco,
arrojándose a la nada,
desvaneciéndose en
la neblina del miedo;
y finalmente,
ya cuando se encuentran
desmayadas e inconscientes,
quedan guardadas entre
débiles hilos de memoria,
en enormes frascos
llenos de las cosas
que no quisimos decir.
Quizás con el tiempo
la carga se levante...
Quizás las olvidemos.
Quizás conozcamos algo nuevo.
Quizás... Deberías saber
que esas palabras
son tuyas.
Aunque... jamás lo sabrías.
Porque nunca lo dije.
Las palabras fueron calladas.
El silencio reinó.
Y una luz se apagó.
callar
fue un
viernes, junio 21, 2013