Tu olor. Tu aroma. Tan perfecto, único, inolvidable. Tan certero cuando se trata de atravesar mi corazón, embriagarme hasta perder la consciencia. Y tus besos, sí. Tus besos causan adicción. Tus besos me enceguecen, me dejan inmóvil, a la espera de que me nazcan alas y comience a volar. Y soy adicta, sí. También lo soy a tu sexo. Adicta a tu cuerpo sobre el mío. Adicta a tenerte en mí, respirándome en el oído. Adicta a mirarte a los ojos, mirar tu cara, tus gestos, tus manos. Y cierro los ojos y te siento apretarme, te siento acariciarme, siento que me hacés tuya. Soy tuya y vos sos mío. Soy tan tuya y vos tan mío. Somos dos. Y nuestro olor, nuestro aroma, cada vez que nos unimos. Ya no es el tuyo o el mío, es uno en común. De los dos. Perfecto, único e inolvidable. En cada centímetro de nuestra piel.