Día 34

El cielo se despeja ante mi mirada
un día que dejé de llorar.
Salió el Sol a borbotones
esperando que aprecie su llegada.
Son ansias mezcladas con locura,
con pasión irrefrenable
producto del amor más puro,
del deseo más profundo.
Tiemblo si vuelvo a ver nubes.
La llegada de los rayos
no hace más que atemorizarme.
Todavía no estoy preparada
sus manos están lejos
y sigo sintiéndome minúscula.
Dudo poder soportar
una tormenta más.
No en estas condiciones.
No tan débil, tan chamuscada.
Perdí peso, pelo y belleza.
Perdí ilusiones y sonrisas.
Perdí mucho de lo que tenía
y me quedé con leves palabras
filtrándose entre los dedos
cayendo irremediablemente
al cauce de un río agitado
que se lleva consigo todo
menos mi dolor,
menos mi llanto.