Se es lo que se quiere ser. Elegimos ser lo que somos. Debemos dejar que la vida nos lleve donde tengamos que llegar. Si querés ser malo, selo. Pero no te canses ni sientas culpa. Si querés ser bueno, selo. Pero no te quiebres ni flaquees. La elección es tuya, vos elegís cómo ser. Pero no se puede ser bueno o malo de a ratos. Es una continuidad, sin pausas ni paradas para descansar. Decidimos según dicta la esencia de nuestro alma, allí está la clave: hay que purificar la esencia y descartar lo que tapa la visión para alcanzar un plano claro de lo que tenemos guardado dentro. Encontrar allí nuestros más profundos anhelos, nuestras ambiciones, nuestros gustos, sentimientos y reacciones. A partir de eso, tomar la decisión.
Si fuiste cruel y decidís demostrar bondad, sé persistente. Cuesta bajar la imagen que uno crea ante los ojos ajenos. Cuesta generar la sensación de que esta vez no hay falsedad ni engaños de por medio. Porque los dolores no se olvidan con facilidad, y menos a aquellos que provocaron el dolor. Por eso, el cambio debe ser definitivo. Ser "bueno" o "malo" es una elección de vida. No se elige a medias sino a pleno: abocados a ser lo que queremos ser. Sin flaquear, ni dudar.