Día 30

Tengo dolor. Duele y no puedo calmarlo. No hay pastilla que lo logre. No sólo es dolor; se me mezcla la ansiedad, la falta de paciencia. Apreto los puños fuerte, me enojo por mis elecciones, por haber decidido esto. Pero no me quedaba otra alternativa, no puedo perder de vista otros objetivos. No puedo perderme en la última etapa, sabiendo por qué llegué hasta acá, cuál es mi fin, qué busco como recompensa. Es fuerza, es soportar, es seguir guiándome en los últimos pasos del camino. Estoy a tan poco de volver a tocarte que es como si un calor se apoderara de mi alma, desesperado de volver a sentirte. Porque mi cuerpo, mi corazón, mi alma y mi mente te aman, porque te necesito, porque dependo. Y es difícil y se hace insoportable, pero necesito prepararme para lo que se viene. Sé que será duro, pero al menos tendré tu mano para sujetar cuando se me doblen las piernas y flaquee como el tallo de una flor pequeña cuando lo envuelve una ráfaga de viento. Temo por lo que se aproxima, porque el futuro tiene algo preparado para nosotros, y no puedo esperarlo desarmada, indefensa, débil y llorona. Debo ganar fortalezas y superar los obstáculos, superar las trabas, alcanzar lo que espero, incansablemente.