Lo que levemente había empezado a convertirse en un simple cariño, de pronto se transformó en amor. Amor furioso, sincero, que arrasó con su alma y su cuerpo, convirtiéndola en un ser mágico, diferente, lleno de luz, esperanza y benevolencia. Su piel irradiaba destellos púrpuras, brillantes, que cubrían el cielo azul, dando un aspecto de ensueño, y un paraíso se extendía a su alrededor. Ya no era ella sola, ella triste, ella pobre. Era ella y su amor, el amor puramente surgido, con una mirada, una pequeña y extraña mirada, diferente de aquella mirada a ese niño, de hermana, de amiga. Los ojos no habían cambiado, claro que no, sino su brillo, su esplendor. Su majestuosidad, su templanza y pasividad. Y todo pasó a convertirse en la hermosura pura, y a su lado las aves se juntaban, revoloteando, picándose las unas a las otras en muestra de afecto, cantándole al alba, festejando la dicha; y el fuego crecía más y más, entibiando su corazón, corazón ahora latiendo con razón, feliz de latir. Latiendo con ganas, latiendo más fuertemente aún al recordar su mirada, latiendo, como si fuese a estallar, al divisar esos ojos: ojos, ojos inmensos, ojos oscuros, oscuros como la negrura misma; ojos que le saciaban la sed y calmaban su agonía, como un oasis en medio de un desierto interminable. Un desierto paradisíaco, misterioso, excitante, que se manifestaba ante esas miradas. Miradas enamoradas, miradas enloquecidas, dispuestas a la entrega, dispuestas a la fuga. Y ella, ilusionada, ella, encantada, ella, entregada por completo, al destino, a la vida, al amor de la vida, al amor de su vida, que aparecía sonriendo por detrás de ese rayo de sol, con su cara iluminada, hermosa, destellante. Y el amor puro, el amor de dos adolescentes echándose a la suerte, guiados por sus almas que ya no eran dos sino una, fusionadas, imposibles de separar, y sus cuerpos, unidos por la pasión y la confianza, dispuestos a enfrentarse contra todo, dispuestos a luchar sin descanso, dispuestos a correr sin fronteras, y dispuestos a vivir de la manera que sea; en la riqueza, en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta perecer unidos: unidos por un sueño de vivir felices, amándose toda la vida, dejando la fortuna librada al destino.