Acepto jugar el juego
aunque no conozca las reglas.
Entrego mi vida a pleno
sin importar las consecuencias.
Accedo a ser parte de esto,
sin saber si soy la presa.
Omito razonamientos
mientras cargo mi condena.
Dispuesta a arrojarme al fuego
aunque luego muera de pena,
sabiendo que al final del día
volveré a estar sola aquí,
sentada en mi habitación,
conmigo y sólo yo,
escribiendo estas líneas que escupe el corazón.