Sonríe, y después de tanto tiempo, se mira en el espejo, ve su cara otra vez.
    Sonríe, y sus marcas desaparecen, las heridas cicatrizan, como por arte de magia.
         Sonríe, parece estar feliz, está dándose cuenta de la maravilla de la vida.
               Sonríe, las lágrimas ya no se ven más, puede hablar, puede volver a amar.


Y la noche ya no le da miedo, ni las pesadillas del dormir,
     ni el soñar con el fuego, el dolor, el sufrir.
            Siente que es un ave capaz de volar sin fronteras,
                   alejándose del mal, alejándose de la pena.


Sonríe, silenciosa, sutil. Su delicadeza borra despacio las estrías del dolor.
    Sonríe, y no le importa mostrarse, ni le importa que sepan que volvió a reír.
        Sonríe para ella misma, sonríe risueña; sonríe, sonríe y vuelve a sonreír.
             Sonríe con un recuerdo que se escurre entre los dedos, alejándose de su alma 
[a la que tanto ha lastimado...]