El viento sonríe ante una luna brillante,
y en el cielo las estrellas se extienden, incontables.
La arena se revuelve, deslizándose sobre la costa.
El aroma a sal es como un perfume,
la infinita inmensidad, engrandeciéndose alrededor.
Mágico encuentro, alma sanando,
heridas que cierran al compás de una melodía.
Los ojos cerrados, estoy respirando,
sintiendo tocar el cielo con las manos.
Las agujas giran, imparables ante el tiempo,
mientras me acuesto despacio a esperar.
Luces en el horizonte como una señal,
lo oscuro se vuelve más claro que el mar.
Una sonrisa que se esboza en la cara
es el punto de partida:
Está comenzando un nuevo día.