Poder decir adiós, es crecer...
Poder cerrar la puerta, finalizar el capítulo, terminar el libro...
Nada de pendientes, nada de esperas.
Nada de promesas, nada de esperas.
Nada de esperas, nada de nada.
Simplemente, poder tener la capacidad de dar cierre.
De cerrar el círculo.
Dejar de condicionarnos.
Ponernos condiciones a nosotros mismos, por el prójimo.
El ajeno, el que no es uno mismo, sino otra persona.
El que no nos corresponde, el que no nos pertenece.
Uno es uno, es uno mismo, y nada más.
Se limita a su propia existencia;
se limita a ser el "yo".
Imposible es vivir por el otro,
imposible es depender puramente de alguien más.
Imposible pensar todo el tiempo,
imposible imaginar sin frontera.
Imposible desear con tantas fuerzas,
imposible querer escapar, dejar todo...
Imposible, imposible...
¿Cómo llega a ser imposible?
Imposible es aquello que no es posible...
Pero, ¿cuántas probabilidades hay de que algo realmente
no sea posible?
no sea posible?
Sabiendo las vueltas de la vida, los giros del destino,
los cambios que acontecen...
los cambios que acontecen...
Conociéndose a uno mismo, teniendo conocimiento
de la perseverancia de uno,
de la perseverancia de uno,
de las ganas de uno, del amor de uno.
El amor, el amor que derriba paredes, el amor que avanza sin frontera,
el amor que destruye, que rompe, que hace estallar,
mágicamente, apoderándose de nuestras manos, nuestros ojos, nuestro cuerpo,
invadiéndonos por completo, haciéndonos seguirlo,
sin pensar en más nada; ni en futuros, ni en pasados, ni en presentes.
sin pensar en otra cosa, más que en el amor.
El amor, nuestro amor, descontrolado.