Imágenes que inundan la cabeza
acrecentando aún más el deseo.
Deseo que está ahí, febril, encendido,
esperando saciarse.
Deseo que es prohibido,
pero aún así se manifiesta en el alma.
El alma deseosa, el alma sedienta,
descontrolada, que pretende un milagro.
Busca el momento, el hecho, la posibilidad.
Quiere hacerlo, quiere liberarse.
Está atrapada, está cohibida.
No puede soltarse, no puede romper las cadenas.
Necesita esa libertad.
Necesita salir a flote.
Necesita poder salir de esas cuatro paredes que la recubren.
Está encerrada, presa en un cuerpo que la limita.
Está encerrada, enredada por sogas que la atan.
Está encerrada, sostenida en la nada,
sujetada en el aire, amarrada al vacío,
como dentro de un cadáver sin vida.
Busca el ser, busca el existir.
Se reprime sólo por necesidad,
pero no necesidad del alma,
sino del ser que no la deja ser.
Las luces la cegan, las voces la aturden.
Necesita oscuridad, necesita silencio.
Y necesita entrega.
Ya.
YA.
Quiere disponerse por completa;
necesita entregarse, no quiere estallar.