No sé si es que ya no necesito descargarme o si no tengo nada para descargar.
Mi blog antes estaba lleno de nuevos poemas. Inspiraciones. Mis inspiraciones. O mejor dicho, mi arte inspirado en vos. Porque eras el que me daba razones para escribir, para mirar adelante, para reír, para vivir. Y cuando me dejaste, empecé a dejar esto. De a poquito, despacio, cada día menos entradas, cada día menos expresiones...
Creo que me vacié. Y no me refiero a no tener órganos, sangre, tripas y demás. No, me refiero a que me vacié. Se me vació el alma. Ahora, en estos momentos, mi no gana de querer hacer algo no me demuestra otra cosa que una tendencia a querer desaparecer, ahogarme, hundirme, morirme. A pensar que las cosas ya no tienen sentido. Es extraño, parece como si fuera una persona muy superficial que piensa que su vida dependía de un alguien, ese maravilloso o desgraciado alguien que tenía mi vida en sus manos. Pero no, soy demasiado espiritual. Soy profunda, metafórica, templada, pensadora. Y así me expreso. Así escribo. Escribo para poner en un papel lo que siento. Porque a mí me gusta eso. Me gusta recordar. Me encanta, porque sé que si el día de mañana olvido, algo me va a hacer recordar. Y hay quienes dicen que el olvido siempre es bueno cuando lo que recordás te carcome. Yo creo que el olvido no es bueno, al contrario, recordar, querer, amar, es lo más hermoso que puede suceder. Oler un perfume que te recuerde a alguien, escuchar una canción que te recuerde a alguien, ver un paisaje que te recuerde a alguien... Recordar, querer, amar. Son cosas tan hermosas, tan parecidas entre sí. Son sentimientos, involucran a dos, dos personas dispuestas a dejarse sentir. Pero a veces sólo una los siente, y ahí es cuando entrega. Entrega el alma, se entrega, se dispone. Y no recibe. No recibe lo más mínimo. Ni una pizca, ni una ínfima parte. Y va dejando cada parte de uno en el otro. Se la deja, se la regala, como si no importara. Y nos volvemos víctimas. Nos volvemos mascotas. Perdemos control sobre nuestra vida. Y dejamos que otro sea el dueño de todo. De nuestros estados de ánimo, nuestros pensamientos, nuestra locura...
Pienso mucho en vos. Escribo poco. Pero porque estoy vacía. Porque me falta algo dentro. Porque eso que antes vos llenabas, ahora está seco, insulso, asquerosamente vacío.
Cuánta falta me hacés.