La vida es de uno. La vida es propiedad de uno, y de nadie más. La vida es una sola y debemos aprovecharla.
La vida no carece de sentido, la vida tiene sentido propio, somos nosotros quienes elegimos vivirla. La vida es lo que nos distingue, lo que nos hace especiales, diferentes a cualquier cosa que podamos ver en el mundo. La vida viene a hacer que la vivamos; la vida nos da la posibilidad de vivir, vivir como la vida quiere que vivamos. Vivir como personas, vivir como humanos, y no como máquinas. La vida nos da la posibilidad de vivir y no de funcionar. Porque si vivimos contando los segundos, los minutos y las horas, más que viviendo estamos funcionando. Más que viviendo estamos trabajando, cumpliendo horarios, todo calculado, fríamente calculado. Y nos olvidamos que la vida no pasa por vivir contando el tiempo, sino vivir por los latidos, que ellos sean los que marquen nuestro tiempo, nuestro momento. Ellos, quienes marcan el vivir, quienes representan el símbolo de la existencia, de la vida, de estar presentes como hombres y no como objetos, son los que deben guiar nuestro camino. Y si son quienes marcan el vivir, son el vivir. Y volvemos a lo mismo de antes, que la vida nos guía a nosotros, y no somos nosotros quienes debemos elegir qué vivir. Porque si nos dejamos vivir, vamos a dejarnos amar, querer, apasionar, encontrar lo que nos enloquezca, lo que nos entretenga, lo que tengamos vocación. Pero si elegimos qué vivir, nunca vamos a saber qué es lo que realmente nos tocaría. Porque manipulamos la vida, la cambiamos a nuestra merced, cuando deberíamos ser controlados por nuestra vida, la vida que nos acompaña desde la concepción, la vida que tenemos, que sentimos, que vivimos. 
Dejemos a la vida fluir a través de nuestros actos. Demostremos en cada acto esa gana de vivir, esa sensación de vitalidad, ese alma ocupando cada milímetro de nuestro cuerpo, haciéndonos más humanos y menos superficiales, buscando encontrar la belleza del espíritu, la perfección de lo interno, y no intentando mejorar lo exterior, cuando sabemos que eso poco importa. Centrémonos en aprender de la vida, en tomar las enseñanzas que la misma nos deja, a partir de las experiencias vividas, de los experimentos que la vida hace con nosotros, de todos aquellos momentos vividos que dejan huellas en nuestra piel, y llevémonos nuestro saber muy adentro, para comprender de una manera más magnífica las maravillas de la vida, y transmitirle a los demás la sabiduría de saber apreciar la vida por lo que es y no por lo que queremos que sea. Aprendamos a encontrar la felicidad a todo momento en cada pequeña cosa, a no subestimar nuestra vida, sino darle un valor puro, infinito, incalculable. 
Porque la vida es de uno. La vida es propiedad de uno, y de nadie más. La vida es una sola y debemos aprovecharla.