A veces pensaba que la gente podía llegar a estar exagerando.
Hablar de algo como que realmente lo sentían "inolvidable", "increíble", "inexplicable".
Algo que iba a marcar sus vidas, hacer que las cosas cambien de un día para el otro.
Hacer que los pensamientos de uno den un vuelco.
A veces pensaba que sabía qué era el amor. Y cuál era el amor más puro.
Que sabía qué era el querer. Y el tiempo que llevaba.
Que aquellos que decían querer en cuestión de un día no tenían idea de qué significaba un "te quiero".
O que eran unos mentirosos.
Mentiras también esas de volver con millones de recuerdos.
Queriéndolos a todos. A todos y a cada uno.
Aquel con quien compartieron la mayor parte de los dos días, y aquel con el que sólo se dijeron "Hola".
A veces pensaba que no podía hacer reír a un nene.
Porque no me gustan los nenes.
Porque a los nenes no les suelo gustar.
Porque no sé hacer reír a infantes, ni tengo la paciencia para soportar horas rodeada de niños.
Pensaba que no los soportaba, que nunca iba a poder soportarlos.
. . .
Hoy veo a un nene y lloro.
No lloro por el hecho de decir "No, un nene... Me quiero morir".
No lloro porque alguna vez un nene me pegó.
No lloro porque alguna vez un nene me rompió mi remera favorita.
Lloro porque extraño.
Extraño a mis nenes.
Mis chiquitos.
Aquellos que me amaron sin otro interés que no sea el de recibir el mismo amor.
Y lo intenté! Juro que intenté devolverles el mismo amor que ellos me dieron!
Pero siento que no pude. No me alcanzaron esos dos días.
Pero los amé, y cuánto!
Los amé con el alma, con el corazón.
Necesitaba llenarlos de amor.
Necesitaba darles todo el amor del mundo, y más.
Y se los di. Les di todo el cariño que pude, y más.
Porque sentí que lo necesitaban, pero también, porque sentí que yo lo necesitaba.
Lo necesitaba yo. Un bicho de ciudad, llevada al medio del campo, al medio de la nada.
Llevada a servir, llevada a dar.
Y serví, y di. Hasta que cayó mi última gota de transpiración, los serví y les di.
Porque necesitaban que gente que los ame.
Que los acompañe, que los haga sentir felices.
Y vi otra realidad.
Una realidad cruda, fría, dolorosa.
Una realidad que hubiese querido que no sea real.
Una realidad, por la cual hubiese dado todo lo que tengo, por la cual daría cada sábado de mi vida, para que cambie.
Para que ellos puedan vivir mejor.
Para poder llenarlos un poco más de amor.
Para poder hacerlos felices, poder verlos reír y ser feliz yo al verlos así.
Ojalá la vida me de la oportunidad de poder volver a verlos.
Poder volver a ver sus caritas, sus sonrisas. Escuchar sus gritos, sus pasos al venir corriendo hacia mí a decirme "hola", "madrina", o simplemente, silencio. Y que los gestos y acciones hablen por sí solos. Porque a veces las palabras están de más, y con un simple abrazo basta para demostrar tanto amor. Amor puro, sincero, del alma. Amor que realmente existe, y tarda una mirada en aparecer, gestarse, crecer. Amor infinito, duradero, que se va a prolongar eternamente y guardar en mi corazón hasta que perezca. Porque el amor fue una lección. Lección de vida, que me cambió rotundamente la forma de ser, de pensar, de vivir. Ya nada va a volver a ser igual que antes. El punto de vista cambió, la luz de cada mañana no es igual a la de ayer. El querer cambió. Cambiaron mis creencias, aspectos de mi vida. Porque aprendí a amar desinteresadamente, sólo con el fin de hacer feliz a alguien, darle un poco de ese cariño que tanto le falta, que tanto necesita, que tanto quiere. Porque aprendí que hay cosas que marcan la piel de por vida, que marcan el alma, haciéndolo crecer a uno. Porque hay conocimientos que no se aprenden en ninguna otra escuela que no sea la de la solidaridad. Escuela a la que uno va dispuesto a dar todo por los demás, brindar, servir, y dejar el alma allí. Todo aquello para recibir a cambio la gratitud y el sentimiento de haber ayudado al otro, haberle hecho más simple la vida al otro, o menos difícil, gracias a la mano, a la palabra de aliento, al abrazo afectuoso, al calor brindado.
Aprendí que realmente algo puede ser "increíble", "inolvidable" e "inexplicable". Que lo que siento por lo que pasó quedará en el alma, y por más que intente explicarlo nunca me va a parecer suficiente, porque el amor es un sentir, y podría explayarme horas y horas escribiendo acerca de lo que percibí gracias a amar, pero realmente no me alcanzaría el infinito para narrar lo vivido, lo experimentado. Aprendí que las posibilidades que da la vida hay que aprovecharlas porque el tren no pasa tantas veces en la vida, y uno debe sacarle el mayor jugo posible a cada momento vivido, porque la vida no da segundas oportunidades.
Aprendí que una sonrisa de un niño te puede hacer feliz toda la vida. Que uno pasa a disponerse para que ellos estén bien, para que ellos rían, para que ellos sean felices. Y uno no hace más que darle los gustos y cumplirles todos los caprichos, pero no son caprichos materiales, sino necesidades del alma: el abrazo, el beso, el juego, el cariño, el amor. Lo que ellos necesitan entre medio de tanta falta de afecto. Sólo necesitan eso. Que uno los mime un poco, durante esos días. Y se quedarán allí, esperando un año más esos cuatro, tres, dos días, donde puedan reencontrarse con esos chicos grandes que vienen a entregarles el corazón, a hacerles un lugar en su vida, para que formen parte de sus memorias por siempre y para siempre, que formen parte de esa vivencia que llevarán siempre en la cabeza, inolvidable. Y en lo único que pensás cuando te estás yendo es en cuándo volverás a verlos, cuándo volverás a hablar con ellos, y llorás, y pensás en que los dejás, y querés llevártelos en la valija, y más lágrimas siguen siendo derramadas, en una mezcla de emoción, pena, dolor, alegría.
Emoción por la experiencia vivida.
Pena por tener que dejarlos.
Dolor por no poder hacer nada más por ellos.
Alegría por haber tenido la oportunidad de vivir aquello, de conocerlos, de darles todo el cariño que uno pudo, hasta sacar el último trozo de amor del fondo del corazón.
Santa Fe 2011, la mejor experiencia de mi vida.
Daría todos los sábados de mi vida por volver a verlos aunque sea un rato.
Gracias Proyecto Solidario por darme esta oportunidad.
Hoy puedo decir que me cambió la vida.